De la resistencia local a la lucha global: Cómo nació la idea de un movimiento internacional de personas afectadas

¿Cómo surgió la articulación de personas afectadas por represas, hasta llegar a la idea de crear encuentros nacionales y luego internacionales?
Luiz Dalla Costa: La historia comienza a finales de los ‘70 y principios de los ‘80, sobre todo en el sur de Brasil. En la cuenca del río Uruguay hubo una propuesta de más de 20 represas. La población empezó a reaccionar, porque la gente estaba perdiendo sus casas, sus tierras, iglesias, escuelas y redes vecinales. Esto generó un sentimiento de injusticia y la necesidad de organizarse.
Al mismo tiempo, ya habían otras regiones de Brasil afectadas por grandes represas hidroeléctricas: Tucuruí (PA), Sobradinho (BA), Itaipú (PR – Brasil/Paraguay) y Balbina (AM). Sin embargo, no existía una política nacional para los afectados. Lo que sí existía era una ley de 1941 que les garantizaba indemnización únicamente a los propietarios. Los campesinos sin título de propiedad, los ocupantes y los habitantes de las riberas se quedaban sin nada. Fue esta combinación de injusticia, pérdida de territorio y falta de derechos lo que dio origen a las primeras organizaciones regionales de afectados.
¿Y cómo se transformó esta lucha, que inicialmente era regional y local, en un debate nacional e incluso internacional?
Luiz Dalla Costa: Hay dos factores centrales. Primero, la experiencia concreta de injusticia en todo Brasil. Segundo, el momento histórico. Hablamos de la década de 1980, cuando la dictadura militar perdía fuerza, se volvía a la democratización y, al mismo tiempo, había una fuerte influencia de la Teología de la Liberación, las Comunidades Eclesiales de Base y los intelectuales comprometidos.
“Ya teníamos una visión internacionalista. Muchos activistas se formaron con ideas de solidaridad, socialismo y lucha anti imperialista. Observamos lo que sucedía en Nicaragua, Cuba, El Salvador, al final de las dictaduras en el Cono Sur. Así que, desde el principio, el MAB no se concibió simplemente como una lucha local contra las represas, sino como parte de un proyecto más amplio de transformación social.”
También comenzamos a hacer contacto con personas afectadas en otros países. Primero, con argentinos y paraguayos por causa de Itaipú, y luego con personas de India, Chile y Estados Unidos. Esto generó conciencia: “Este problema no es solo nuestro; es global”.
Primer Encuentro Nacional y primeros pasos de la articulación internacional
¿Y qué sucede cuando estas articulaciones se convierten en encuentros organizados?
Luiz Dalla Costa: En 1987 se llevó a cabo la primera Reunión Nacional de Personas Afectadas por Represas. En 1989, el 1er Encuentro Nacional, y en 1991 el 1er Congreso del MAB, donde se fundó oficialmente el MAB como movimiento nacional.
Paralelamente, comenzó a surgir la articulación internacional. Primero mediante pequeñas visitas e intercambios. En 1988, por ejemplo, viajé a Estados Unidos para participar en una reunión con movimientos que debatían el papel del Banco Mundial en la financiación de grandes represas. También participamos en reuniones en Alemania, en sedes de la ONU, donde denunciamos violaciones de derechos humanos.
Primer Encuentro Internacional – Curitiba, 1997
Así pues, llegamos al primer encuentro internacional. ¿Cómo sucedió?
Luiz Dalla Costa: Fue en Curitiba, en 1997. Era algo pequeño aún, con menos de 100 personas, pero simbólico. Participaron representantes de Brasil, India, Chile, Argentina, redes de Europa e incluso Estados Unidos. El objetivo principal era intercambiar experiencias y entender que el problema de las represas era global.
A partir de ahí surgieron dos decisiones importantes: la creación del 14 de marzo como Día Internacional de Acción contra las Represas (en Brasil ya era un día nacional desde 1991, conmemorando a una líder asesinada) y el reconocimiento de que las luchas son similares en todos los continentes: campesinos desalojados, pueblos indígenas amenazados, empresas multinacionales lucrando.
Fue allí donde comenzó a aparecer la semilla de lo que más tarde se convertiría en el Movimiento de Afetados por Represas (MAR), aunque todavía no tenía ese nombre.

Fundamentos teóricos e influencia de la Iglesia y los intelectuales
¿Tuvieron la Iglesia y el mundo académico alguna influencia en este proceso?
Luiz Dalla Costa: Mucha. Participaron activamente obispos como Dom Demétrio Valentini, sacerdotes vinculados a la Comisión Pastoral de la Tierra (CPT), las Comunidades Eclesiales de Base y la Teología de la Liberación. Muchos de los primeros encuentros de los afectados se llevaron a cabo en las parroquias.
Del lado intelectual, investigadores como Carlos Walter Porto-Gonçalves, Carlos Vainer, Paulo Schilling y otras universidades contribuyeron a formular teorías sobre territorio, energía, capital internacional y los derechos de los pueblos. Esto proporcionó una base política y académica para el movimiento.
Después del encuentro de Curitiba en 1997, ¿cómo evolucionó esta red global de afectados?
Luiz Dalla Costa: En encuentro de Curitiba fue importante porque demostró que las luchas eran parecidas en todo el mundo. Después de éste, surgieron dos frentes: seguir fortaleciendo el MAB en Brasil y ampliar los lazos internacionales. Entre fines de los ‘90 y principios de la década del 2000, comenzamos a participar en debates en la ONU, el Banco Mundial, Alemania, Estados Unidos e India, denunciando violaciones y poniendo presión en contra de la financiación de represas.
Segundo Encuentro Internacional – Tailandia, 2003
¿Y cómo fue el segundo encuentro internacional?
Luiz Dalla Costa: Ocurrió en 2003, en Tailandia, en una comunidad llamada Rasi Salai, en la región del río Mekong. La población de ahí se resistía a la construcción de represas, muy parecido a nuestras propias luchas. Fue un encuentro mayor que el de Curitiba: más países, más movimientos de Asia, África, América Latina y Europa.
El espíritu era diferente al del primero. Curitiba se trató más bien de un encuentro para conocernos. En Tailandia ya había un análisis más profundo: el impacto de las represas es global; el problema está vinculado al neoliberalismo, la privatización del agua y la energía; la lucha debía coordinarse entre los países del Sur. Allí se fortaleció la idea de la solidaridad internacional y de mantener el 14 de marzo como día internacional de lucha, pero seguía siendo una red, no un movimiento.
Cambios históricos y contradicciones
Este encuentro tuvo lugar al comienzo de los gobiernos progresistas en América Latina, ¿verdad?
Luiz Dalla Costa: Así es. Era 2003: el inicio del gobierno de Lula en Brasil —Evo Morales todavía no—, pero estaba Chávez en Venezuela, y movimientos fuertes en Bolivia, Ecuador y Argentina tras la crisis de 2001. Al mismo tiempo, aún sufríamos los efectos del neoliberalismo de los ‘90 (privatizaciones, FMI, deuda externa). Por eso existía una tensión: por un lado, esperanza por los gobiernos populares; por otro, empresas y bancos impulsando obras a gran escala.
¿Y cuándo se comprendió que se necesitaba algo más que encuentros? ¿Que era necesario un movimiento?
Esta conciencia comenzó a surgir entre 2003 y 2010.
Nos dimos cuenta de que si volvíamos a casa después de cada encuentro sin ninguna estructura, eso no era movimiento, sólo una red. Y las empresas seguían avanzando con más fuerza aún: Odebrecht, Camargo Corrêa, Engevix, constructoras asiáticas… Así que, o nos organizábamos de forma permanente, o no hacíamos más que reaccionar. Pero el verdadero punto de inflexión llegó en el Tercer Encuentro Internacional en Temacapulín, México, 2010.
Tercer Encuentro Internacional – México, 2010: el punto de inflexión
¿Qué ocurrió allí para que todo cambiara?
Luiz Dalla Costa: Este encuentro fue diferente debido al lugar. Sucedió en Temacapulín, un pueblo pequeño en México, que sería inundado por la represa de El Zapotillo. La comunidad resistió. Por lo tanto, el encuentro no se limitó al debate, ocurrió en un territorio en la lucha.
Dos acontecimientos grandes: la determinación de “fin de la red, comienzo del movimiento”. Muchos ya decían: no basta con denunciar de vez en cuando. Necesitamos un movimiento latinoamericano permanente, con formación, coordinación y un plan político; acción directa contra la represa. Paramos el encuentro y nos dirigimos a la obra. Entramos en la parcela, incluso con represión. El mensaje era: «el mundo tiene los ojos puestos en Temacapulín.» Fue allí donde comenzamos a decirlo claramente: «Tiene que convertirse en movimiento, no solo encuentros.»

¿Y ya estaban hablando del nombre, de estructura?
Luiz Dalla Costa: Aunque aún no se había constituido formalmente como MAR, fue allí donde se decidió organizar un proceso a largo plazo. Se formularon tres resoluciones principales: crear procesos de formación continental, no solo eventos; establecer una coordinación provisional latinoamericana; y construir un movimiento de personas afectadas en América Latina, con una base, símbolos, principios y estrategia de lucha.
Cómo nació MAR: de la decisión política a la construcción de un movimiento continental
En el encuentro de México (2010) surgió la idea de ir más allá de las redes y construir un movimiento continental. ¿Qué sucedió después? ¿Cómo se convirtió esa decisión en práctica concreta?
Luiz Dalla Costa: Después de Temacapulín, entendimos: «Si queremos un movimiento, tenemos que organizar, capacitar a la gente y crear estructura.» A partir de 2010, iniciamos un proceso lento y paciente de seis años para construir lo que ahora se llama MAR —Movimiento de Afectados por Represas. No fue algo que se puso en marcha de un día a otro. Decidimos que antes de anunciar cualquier movimiento, vamos a construir una base, desarrollar liderazgo, visitar territorios, entender la realidad de cada país.

¿Cómo funcionaba ese proceso de formación?
Luiz Dalla Costa: Se creó un método al que llamamos “Escuela de Formación de la Realidad Latinoamericana”. Constaba de dos partes en cada país: Estudio teórico y político —historia de la energía en América Latina, el papel de las hidroeléctricas, imperialismo, el modelo neoliberal, los pueblos indígenas, la deuda externa y la gobernanza del agua; Vivencia territorial —visitas a los pueblos afectados en cada país, participación en asambleas, pesca, caminatas, escucha de relatos y alojamiento en casas de familias. Esta capacitación se llevó a cabo en Colombia, Guatemala, México, Brasil y Cuba. En cada país nos quedamos entre siete y diez días.
¿Y la organización? ¿Formaron una coordinación?
Luiz Dalla Costa: Sí. Al finalizar la primera etapa de capacitación, en 2012, creamos una Coordinación Continental Provisional. Si bien aún no tenía el nombre oficial de MAR, ya estaba comprometida con organizar el movimiento en toda Latinoamérica. Esa coordinación contaba con representantes de Brasil (MAB), México (Temacapulín y movimientos indígenas), Colombia (pueblos afro y campesinos), Guatemala (Consejo de Pueblos Mayas), Chile, El Salvador, Argentina y Perú.
2016: el nacimiento oficial del MAR
¿Cuándo se convertió oficialmente esta construcción en MAR?
Luiz Dalla Costa: En 2016, en Chapecó (SC), durante un encuentro del MAB, reunimos a líderes de estos países y lanzamos el MAR como una iniciativa política. No como un movimiento terminado, sino como un proceso. El nombre “MAR” vino después. Significa Movimiento de Personas Afectadas por Represas, pero también “mar de gente”, “mar de aguas”. Y hoy ya se debate cambiarlo a Movimiento de Afectados por la Energía y el Clima, porque los afectados no son sólo quienes pierden sus tierras por las represas, sino también quienes lo pierden todo por inundaciones, la minería, la sequía, la energía cara y las catástrofes climáticas.
2019: Primer Encuentro Continental de MAR
¿Y qué pasa cuando el movimiento se presenta públicamente como continental?
Luiz Dalla Costa: En 2019, en Panamá, celebramos el Primero Encuentro Continental de MAR. Ahí sí, con delegaciones de más de 15 países. Fue la primera vez que el mundo escuchó oficialmente: «Se está gestando un movimiento latinoamericano de personas afectadas.»
¿Cuál es la diferencia entre esa red internacional inicial y MAR?
Una red es gente que se reúne, firma un manifiesto y se vuelve a casa. Un movimiento es otra cosa: tiene principios políticos, formación de líderes, símbolos, calendario de luchas, coordinación y una base popular, y camaradas dispuestos a luchar y resistir en el territorio. MAR es eso: no es una ONG, no es una campaña en internet, no es un evento; es gente organizada.
¿Y cómo se organiza MAR actualmente?
Luiz Dalla Costa: Hoy tenemos Coordinación Continental Provisional (representantes elegidos en las escuelas de formación); Escuelas de Formación en curso (3ra generación), que ahora también incluyen a África y Europa; actividad en 17 países de América Latina, cada uno con su propia realidad; un calendario común de luchas —el 14 de marzo como Día Continental e Internacional de Lucha. Y el sueño ahora es más grande: transformar a MAR en un movimiento internacional de personas afectadas de todo el mundo. El próximo encuentro debe llevarse a cabo en África.
El MAR hoy: clima, energía, desafíos y el futuro de la lucha latinoamericana
¿Y cómo entra MAR adentro el tema del clima y la energía?
Luiz Dalla Costa: Se presenta como un centro estratégico. Antes hablábamos solo de represas. Hoy entendemos que el conflicto está en el modelo energético y climático. La crisis climática multiplica los afectados: inundaciones, sequías, roturas de represas, energía costosa, desplazamientos de poblaciones enteras.
Por lo tanto, MAR está empezando a definirse no solo como un movimiento contra las represas, sino como un movimiento de quienes se ven afectados por el modelo energético y la crisis climática. Esto es profundo, porque amplía enormemente el alcance de quién es “afectado”.
¿MAR quiere ser exclusivamente latinoamericana, o algo más?
Luiz Dalla Costa: MAR nació en Latinoamérica porque tenemos una historia común de colonización, represas, extractivismo y resistencia. Pero la crisis climática y energética es global. Hoy ya tenemos contactos con África, Asia y Europa.
Nuestro sueño es alcanzar lo que llamamos el Movimiento Internacional de Personas Afectadas por Represas, Energía y Clima. Y no es solo discurso; ya estamos comenzando a formar escuelas de formación con africanos, personas del Congo, Sudáfrica y movimientos de la India.
