Mulheres atingidas em manifestação em Brasília. Junho de 2025. Foto: Nívea Magno / MAB
Mulheres atingidas em manifestação em Brasília. Junho de 2025. Foto: Nívea Magno / MAB

Entre el 6 y el 12 de noviembre, la ciudad de Belém, en Pará, acogerá a representantes de 62 países para el IV Encuentro Internacional de Personas Afectadas por Represas y la Crisis Climática. El evento, organizado por el Movimiento de Afectados por Represas (MAR), reunirá a más de 350 delegados de los cinco continentes con el objetivo de intercambiar experiencias, fortalecer las redes internacionales de resistencia y debatir alternativas energéticas populares frente a la crisis climática global.

Esta es la segunda vez que el Encuentro se celebra en Brasil. En 1997, el evento reunió a personas en Curitiba, Paraná; en 2003, en Tailandia; y en 2010, en México. Ahora, en 2025, el país será sede de la cuarta edición del evento, con la expectativa de ampliar la lucha de las poblaciones afectadas y consolidar agendas comunes en la defensa de la vida, los territorios y la soberanía energética.

¿Cómo se han preparado los países para el IV Encuentro Internacional?

En Brasil, la preparación se ha centrado en los debates políticos y el fortalecimiento de la organización colectiva. Según Soniamara Maranho, desde la coordinación nacional del Movimiento de Personas Afectadas por Represas (MAB) y la coordinación del MAR, el país se ha movilizado en varios frentes para contribuir a la consolidación de un movimiento de base internacional, con su propia estrategia y articulación global.

“En este IV Encuentro consolidaremos la creación de un movimiento internacional de personas afectadas por las represas y la crisis climática, que hasta ahora se ha organizado a nivel continental o nacional. A partir de ahora, contaremos con un movimiento internacional de base, con una estrategia nacional y articulación global. Esto ofrece a las personas afectadas una referencia concreta para unificar la lucha nacional e internacional”, explica.

Según Sônia, las personas afectadas en Brasil, como anfitrionas de este encuentro, debatieron sobre la situación actual, acumularon experiencias en capacitación y resistencia en sus territorios y están preparando las condiciones logísticas para recibir delegaciones de todo el mundo.

“Serán días de mucho intercambio y debate sobre qué tipo de movimiento queremos construir, qué modelo energético defendemos y qué sociedad alternativa al sistema capitalista buscamos fortalecer”, afirma.

En África, concretamente en Mozambique, los preparativos incluyeron la movilización de las comunidades afectadas por el proyecto de la represa de Mphanda Nkuwa en la provincia de Tete. Según Érika Mendes, de la organización Justiça Ambiental (JA!) y miembro del equipo de coordinación africano para la reunión, Mozambique organizó encuentros e intercambió información con la población local. Asimismo, redactó la Declaración de Chitima, publicada en marzo, que reafirma el derecho de las comunidades a rechazar el proyecto de la represa, y participó en la organización del Foro Continental Africano sobre Megarepresas y la Crisis Climática, celebrado en Kinshasa en junio de este año.

“Esperamos aprender de las luchas de América Latina; inspirarnos en los movimientos sociales de las Américas, de quienes tanto tenemos que aprender. También queremos ayudar a nuestros compañeros de otros países a comprender mejor el contexto de África, las dificultades que enfrentamos en nuestros países, particularmente en Mozambique, uno de los países más pobres del mundo y tan afectado por los grandes proyectos extractivos y las megarepresas. Queremos fortalecer la solidaridad entre los pueblos del Sur Global y juntos construiremos un mundo diferente, donde las personas y el planeta sean más importantes que las ganancias”, declaró Érika.

En Europa, las delegaciones se han coordinado en los últimos meses mediante reuniones presenciales y virtuales. Según Irene González Pijuan, de la Alianza contra la Pobreza Energética en España, en mayo de 2025, 15 organizaciones se reunieron en La Morera, Barcelona, ​​para compartir sus experiencias de lucha y comenzar a construir un sujeto político de las personas afectadas. Desde entonces, las reuniones en línea han contribuido a conformar la delegación que viajará a Belén y a planificar las tareas y los grupos de trabajo necesarios.

“La expectativa del evento es lograr la coordinación internacional con otros movimientos de personas afectadas. Escuchar y aprender de organizaciones de otros continentes sobre sus historias de lucha, su visión de la situación actual y sus objetivos, con el fin de construir un sujeto político común, basado en la solidaridad internacionalista, capaz de enfrentar el capitalismo, el extractivismo y el saqueo que conllevan”, afirma.

Además, la iniciativa europea busca superar la lógica impuesta por los gobiernos y las grandes corporaciones, situando a los afectados en el centro del debate y fortaleciendo la solidaridad internacional.

En Asia, Teresia Jari, de Indonesia, destaca que la preparación implicó la movilización de comunidades locales, como el pueblo Punan del río Tubu Mentarang, para compartir experiencias y fortalecer la resistencia contra la explotación que amenaza sus territorios. Según ella, el encuentro será una oportunidad para el intercambio entre los distintos continentes.

“Este es el momento para que nosotros, los ciudadanos comunes, compartamos lo que enfrentamos en nuestros pueblos, aprendamos de las experiencias de otros lugares y, sobre todo, busquemos inspiración para seguir luchando y demostrando solidaridad juntos”, enfatiza Teresia.

Un encuentro de Articulación Global

El IV Encuentro Internacional de Personas Afectadas por las Represas y la Crisis Climática representa una oportunidad para la articulación global, la visibilidad y la presión política. Para los participantes, reunirse en Belém significa construir estrategias internacionales, intercambiar experiencias y fortalecer la lucha colectiva, demostrando que es posible priorizar la vida, los territorios y la solidaridad por encima del lucro y la explotación. El evento refuerza la idea de que la lucha de las personas afectadas no conoce fronteras y que la solidaridad internacional es esencial para enfrentar el capitalismo, el extractivismo y la crisis climática de manera organizada y estratégica.