por Thiago Matos / MAB

Domi Lorenzo, activista de Cataluña, comparte su trayectoria de lucha contra la pobreza energética durante el encuentro internacional en Brasil. Foto: Anna Mathis / MAB

“Ni sed, ni frío, ni oscuridad”. Con el lema “Ni set, ni fred, ni foscor”», Domi Lorenzo, miembro de la Alianza contra la Pobreza Energética (APE) de Barcelona (España), resume una lucha que comenzó a partir de una experiencia dolorosa: vivir un mes y medio sin electricidad.

“El 5 de enero fue la fecha que marcó mi trayectoria en la lucha. Me cortaron la luz en mi casa y, además, me quitaron el contador de energía. La empresa, Endesa (que controla Enel en Brasil), exigía 600 euros para volver a conectar el servicio. Me negué a pagar y fue entonces cuando empecé a luchar. Y sigo haciéndolo hasta hoy”, cuenta Domi Lorenzo durante nuestra conversación en la Cumbre de los Pueblos que se celebra en Brasil.

La activista comenzó su trayectoria en las luchas sociales en defensa de la vivienda, a través de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH). En 2014, con la creación de la APE, encontró un nuevo espacio para canalizar la indignación ante las injusticias del sistema energético español. Desde entonces, se dedica a la defensa de las familias vulnerables que se enfrentan al riesgo de perder el acceso a la luz, el agua y el gas. “Nuestro objetivo es sencillo y vital: que ninguna familia se quede sin servicios básicos. La energía, el agua y el gas no son mercancías, son derechos”, afirma.

La actuación de la APE combina el diálogo con las empresas y las administraciones públicas, pero también movilizaciones y acciones directas. “Cuando no nos escuchan, ocupamos pacíficamente las oficinas de Endesa, de la compañía de agua o de gas. Entramos, cantamos, bailamos y esperamos hasta que nos atienden. Nunca de forma violenta, siempre con dignidad”, señala la activista.

Entre los logros más destacados de la organización se encuentra la Iniciativa Legislativa Popular (ILP), que dio lugar a la Ley 24/2015, aprobada por unanimidad en el Parlamento de Cataluña. “Fue un gran paso. Esta ley garantiza que a las familias vulnerables no se les corten los servicios, siempre que estén registradas y regularizadas”, celebra Domi.

Nacida en un pequeño pueblo de Huelva, en el sur de España, y criada en Cataluña desde su primer año de vida, Domi conoce bien las contradicciones del país. “Las empresas lo controlan todo. La privatización es casi total y el Estado protege a las grandes corporaciones, no a las familias. Aquí, la transición energética no es justa, porque no tiene en cuenta a las personas. Las tarifas suben cada vez más y muchas familias no pueden pagar las facturas”, denuncia.

Domi cree que el feminismo y la lucha social van de la mano, porque “la igualdad es lo que debe guiar todas las batallas. Nuestra lucha también es feminista. En nuestras asambleas, el 90 % de las participantes son mujeres. Somos nosotras las que llevamos adelante el hogar, las que nos preocupamos por pagar las facturas y garantizar el sustento. Es natural que estemos en primera línea”, explica.

Cuando habla de sus inspiraciones, sus ojos brillan al recordar a una compañera brasileña a la que quiere presentar. “Patrícia, de São Paulo, es una mujer increíble. Madre soltera, lleva cinco años involucrada con el MAB. Una mujer con garra y fuerza. La conocí el año pasado y me inspiró profundamente su valentía”.

A pesar del cansancio y las dificultades, Domi sigue motivada por un propósito claro. “Mi principal objetivo es que nadie pase por lo que pasó mi familia. Vivir sin luz, sin agua o sin gas no es digno. Es un derecho que debemos defender”.

En el IV Encuentro Internacional de Comunidades Afectadas por Represas y Crisis Climática, celebrado en Belém do Pará, en la Amazonia brasileña, Domi compartió experiencias con movimientos de todo el mundo. “Es algo maravilloso. Me llevo conmigo el aprendizaje de cómo luchan otras personas, cuáles son sus problemas y cómo se organizan. Ahora quiero llevar todo esto a nuestras asambleas y fortalecer aún más nuestra lucha”.

Para ella, la solidaridad internacional es un principio fundamental y deja un mensaje que resuena como un grito colectivo:

“La mayoría de los movimientos son muy solidarios. Estamos conectados por redes, apoyándonos unos a otros. Es lo que todos los países deberían hacer. La lucha unida nunca será vencida. Debemos estar juntos, como ciudadanos, para garantizar nuestros derechos. ¡Ni sed, ni frío, ni oscuridad!”, concluye Domi.