por Grasiele Berticelli / MAB

 El barco transporta más que personas: lleva historias de lucha, resistencia y esperanza. Rumbo a la Cumbre de los Pueblos, por un futuro en el que la vida valga más que el lucro. Foto: Zé Netto

En la mañana de este martes (12), las aguas del Amazonas se convirtieron en escenario de uno de los momentos más simbólicos de la Cumbre de los Pueblos: la Barqueata, un acto político sobre las aguas que marcó oficialmente la apertura del encuentro. Con cerca de cinco mil participantes y más de 300 embarcaciones, la procesión navegó por las aguas de la bahía de Guajará, en Belém do Pará, en la Amazonia brasileña, llevando mensajes de lucha, esperanza y resistencia de los pueblos afectados de todo el mundo.

Desde primera hora de la mañana, los delegados y delegadas del IV Encuentro Internacional de Comunidades Afectadas por Presas y Crisis Climática se organizaron para sumarse a la movilización, que reunió a caravanas procedentes de diversos estados y países. La barqueata fue un verdadero manifiesto fluvial, denunciando las falsas soluciones climáticas y reafirmando que las verdaderas respuestas para un mundo sostenible provienen de los pueblos de las aguas, los bosques y las periferias, que resisten con sus prácticas colectivas, agroecológicas y ancestrales.

El barco del Encuentro Internacional era un retrato de la diversidad y la fuerza popular. Banderas de diferentes países y movimientos coloreaban el espacio, entre cantos y bailes, en medio del sonido del carimbó paraense, que se mezclaba con los ritmos latinos y la alegría de quienes, aunque hablan diferentes idiomas, comparten el mismo horizonte de lucha.

Las aguas del Amazonas se llenaron de colores, voces y banderas en la Barqueata que inauguró la Cumbre de los Pueblos, en Belém. Fotos: Joyce Silva / MAB y Joka Madruga / MAB

La travesía, que comenzó en la Universidad Federal de Pará (UFPA), donde se celebra la Cumbre de los Pueblos, recorrió unas siete millas náuticas bordeando el río Guamá, que se une al río Guajará, hasta llegar a Vila da Barca, una comunidad de palafitos que lleva décadas resistiendo la especulación inmobiliaria y la negligencia de las autoridades públicas. Desde allí, las embarcaciones regresaron al puerto de la UFPA, finalizando el recorrido alrededor de las 13h.

En el barco, unos 200 delegados de 45 países, procedentes de los cinco continentes, se reunieron sobre las aguas del Amazonas. En medio del intenso calor de Belém, el viento que soplaba sobre el río traía alivio y renovaba las energías después de cinco días de estudio, intercambios y debates.

Más que un desfile, la barqueata fue una celebración internacionalista de la lucha de los pueblos afectados. Un día después de la plenaria que marcó la creación del Movimiento Internacional de Comunidades Afectadas por Represas, Crisis Climática y Crímenes Socioambientales, el acto fluvial reforzó la mística y la unidad que traspasan fronteras e idiomas.