por Camila Fróis / MAB

En la mañana de este sábado (08), afectados de 45 países participaron en un panel sobre la coyuntura internacional que afecta a la economía y la vida de las poblaciones en diferentes partes del mundo, especialmente en lo que respecta al modelo de producción y distribución de energía. El debate, celebrado durante el Encuentro Internacional de Afectados, en Belém (PA), abordó el papel de Estados Unidos en la geopolítica actual y la importancia de fortalecer los lazos estratégicos entre los movimientos progresistas que se enfrentan al neofascismo en varias regiones del planeta.

Panel sobre la coyuntura internacional. Foto: Tamires Pinheiro / MAB

Participaron en la mesa Erika Méndez, de la organización Justicia Ambiental de Mozambique; Jaron Browne, de Grassroots Global Justice Alliance; y los mediadores Andreia Vides (Cataluña) y Moisés Borges, del Movimiento de Afectados por Represas (MAB).

En su intervención, Erika Méndez destacó la importancia del Movimiento de Afectados por Represas (MAR), una articulación que nace del protagonismo de los pueblos afectados, los trabajadores, las mujeres, los negros y los indígenas, para luchar contra las violaciones ambientales, climáticas y de derechos humanos promovidas por las corporaciones transnacionales responsables de las represas.

Sin embargo, recordó que aún existen grandes desafíos para fortalecer esta articulación internacional, incluso debido a las políticas migratorias racistas. Según Erika, tres personas de Mozambique que viajarían con ella a la reunión no pudieron obtener la visa debido a políticas arbitrarias. Muchos otros líderes africanos no pudieron participar por la misma razón. Erika informó que las comunidades africanas afectadas por grandes proyectos de energía e infraestructura, comorepresas y megaproyectos de gas, se enfrentan al poder de las grandes empresas capitalistas, que llegan a tener tres veces más recursos que muchos países, como Mozambique.

«Estas empresas escriben sus propias leyes y presionan a los gobiernos para que aprueben leyes que les beneficien, en detrimento de los intereses de la población. Por eso, los proyectos energéticos no se crean para satisfacer las necesidades de los pueblos, sino las de las empresas», afirmó.

A pesar del avance del poder corporativo, Erika recordó que el modelo capitalista atraviesa una profunda crisis social, medioambiental, política y también económica. «La economía de Estados Unidos creció solo un 0,25 % en 2023, debido a las políticas de inversión en guerras y a los enfrentamientos con China e incluso con aliados europeos. El neofascismo que vemos crecer es, en realidad, una reacción de la burguesía global que teme perder su dominio. Por eso, actúan para bloquear las acciones progresistas y climáticas. Es importante que sigamos fortaleciéndonos y actuando conjuntamente», afirmó.

El crecimiento de las experiencias de resistencia en EE. UU.

Erika Méndez, de Mozambique, habla sobre la lucha contra las empresas energéticas transnacionales en el continente africano. Foto: Tamires Pinheiro / MAB

Jaron Browne abordó la situación política de Estados Unidos, analizando la creciente ola de autoritarismo en el país, que, según él, no se explica solo por factores partidistas, sino que refleja una profunda crisis marcada por la incapacidad del Estado para responder a la movilización histórica de los pueblos indígenas, las comunidades negras, los estudiantes y otros grupos sociales en resistencia activa. Destacó que los debates económicos están directamente relacionados con las cuestiones de raza y género.

Al igual que Erika, Browne afirmó que la postura belicista estadounidense revela el miedo de las élites ante los movimientos que se niegan a doblegarse ante la violencia del Estado, citando el movimiento antirracista que cobró fuerza tras el asesinato de George Floyd y el ascenso de nuevos líderes, como el actual alcalde de Nueva York, que es musulmán e inmigrante. Para él, estos fenómenos son el resultado del fortalecimiento de las organizaciones populares que actúan fuera de los circuitos tradicionales de poder.

Browne recordó que «estamos viviendo una era de profunda transición», en la que los sistemas vitales de la Tierra están amenazados por un modelo económico que extrae, explota y degrada tanto a los trabajadores como a la naturaleza. Por ello, para él, una Transición Justa representa un cambio estructural, construido de forma democrática, que abandona la lógica de la explotación y apuesta por la regeneración de los ecosistemas y el bienestar de las personas.

Carlos Vainer, profesor emérito de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), presentó un panorama incisivo sobre el papel de las escalas territoriales, la fragmentación y las tensiones de la globalización neoliberal en Brasil. Destacó que las transformaciones en curso, entre estructuras, coyunturas y períodos, no pueden entenderse solo como cambios técnicos o administrativos, sino como rupturas profundas que involucran el modo de producción y las formas de integración global. Para Vainer, el modelo dominante de internacionalización, centrado en la imposición del mercado y del pensamiento único, produce efectos adversos. Defendió que una internacionalización democrática debe basarse en el respeto por los conocimientos, los modos de vida y las culturas de los pueblos del mundo, así como en sus economías.

El debate entre los afectados aportó perspectivas de los países

Círculos de debate entre los participantes del panel. Foto: Tamires Pinheiro / MAB

Tras las intervenciones de la mesa, se llevó a cabo una dinámica en la que los participantes se reunieron en pequeños grupos para debatir el tema de la coyuntura y aportar análisis basados en las realidades de sus países y comunidades.

Según Faby Espinal, afectada por el proyecto de la hidroeléctrica Río Masipedro, que participó en uno de los grupos, el análisis del contexto internacional debe tener en cuenta las experiencias y realidades del Sur Global, y no solo las visiones hegemónicas impuestas por el Norte. Afirmó que es necesario romper con la concepción del poder centralizado en el Estado y en las representaciones partidistas tradicionales, valorando las formas comunitarias y territoriales de organización.

«Si seguimos analizando el contexto solo desde la visión hegemónica del Norte, siempre terminaremos con una concepción del poder ligada al Estado, dejando de lado la política comunitaria y la experiencia de los pueblos originarios», dijo.

Faby también reforzó la importancia de construir un pensamiento político propio del continente latinoamericano, desvinculado de las categorías tradicionales de derecha e izquierda, e inspirado en las formas de vida y resistencia de los pueblos que sostienen la vida en el planeta.

«Necesitamos crear nuestra propia ideología política, una forma de ser que provenga de nuestra experiencia como continente que sustenta la vida a nivel global», complementó.

Otros participantes también destacaron la necesidad de cuestionar la transición energética propuesta por el capitalismo, que, según ellos, no es justa y solo busca mantener la hegemonía de las grandes empresas. También defendieron la ampliación de los espacios de educación popular, recordando que la educación formal rara vez aborda las perspectivas y las historias de resistencia de las organizaciones sociales.