por Thiago Matos / MAB

Representantes de África, Europa y Asia presentaron análisis críticos de los impactos de la crisis climática y del modelo neoliberal en sus continentes, destacando la resistencia de los pueblos y la necesidad de una articulación global por la justicia ambiental y energética
Panelistas del análisis de la coyuntura continental, que reunió a representantes de los cinco continentes para debatir los desafíos globales de la justicia climática. Foto: Anna Mathis / MAB

Continuando con el programa del IV Encuentro Internacional de Personas Afectadas por las Represas y la Crisis Climática, personas afectadas de cinco continentes participaron, en la tarde de este sábado 8, en la mesa redonda “Situación de los Continentes”, que se enfocó en el análisis de la coyuntura política, económica y ambiental en diferentes regiones del mundo.

En el debate participaron Geoffrey Kamese, de Biovision (Uganda), quien ofreció una visión general del continente africano; Irene Pijuan, de la Alianza contra la Pobreza Energética (España), quien analizó la situación en Europa; y Hendro Sangkoyo, de la Escuela de Estudios Económicos y la Red en Defensa de la Minería (JATAM) de Indonesia, quien abordó los desafíos en Asia. El panel fue moderado por Andrea Vides, de Cataluña, y Moisés Borges, integrante de la coordinación nacional del Movimiento de Afectados por Represas (MAB).

Moisés destacó la importancia del debate como parte del proceso de profundización del análisis político iniciado en el encuentro. “La idea es que este panel profundice el análisis iniciado en la coyuntura internacional. Ya hicimos una lecrtura global, considerando el panorama entero, y ahora buscamos comprender cómo esa realidad afecta a cada continente. Ése es el objetivo principal: delimitar el debate para luego extraer una síntesis colectiva de nuestro análisis de la coyuntura”, explicó Moisés.

También estuvieron presentes en la ceremonia de apertura los ministros venezolanos Clara Fidau, ministra del Poder Popular para los Pueblos Indígenas de Venezuela, y Ricardo Molina, ministro del Poder Popular para el Socialismo de Venezuela. En su saludo a los presentes, Clara Fidau enfatizó que “Venezuela no es una amenaza, es esperanza”, iniciando su discurso con un saludo en un idioma indígena y reafirmando el compromiso de su país con la defensa de los territorios y de la paz.

Ricardo Molina, ministro del Poder Popular por el Socialismo de Venezuela, durante su visita al IV Encuentro Internacional de Afectados por las Represas y la Crisis Climática. Foto: Anna Mathis / MAB

Ricardo Molina afirmó que participar en el encuentro fue como «recuperar el ánimo» tras días inmerso en el ambiente oficial de la COP30, que describió como «lleno de lujos, pero sin alma». Molina criticó la ausencia de representantes populares en las mesas de negociación internacionales y denunció que los debates sobre la crisis climática están dominados por corporaciones transnacionales y gobiernos que tratan el tema como un negocio.

“El presidente Nicolás Maduro instruyó a la delegación venezolana a proponer la creación de un gran movimiento global en defensa de la vida, la Madre Tierra y los derechos humanos. Nuestro compromiso es con el ecosocialismo, un modelo inspirado en las ideas de Hugo Chávez y Simón Bolívar, basado en la justicia social y el respeto por la naturaleza.”

Para concluir, Molina afirmó que «los verdaderos protagonistas de la solución de la crisis climática son los pueblos, no el capitalismo», y que Venezuela está «abierta» a fortalecer alianzas con movimientos y comunidades que luchan por un nuevo modelo de desarrollo.

Situación de los continentes

Geoffrey Kamese (Uganda) denunció el abandono del continente africano y abogó por la justicia climática ante los impactos de las represas, las crisis de gobernanza y el cambio climático en África. Foto: Anna Mathis / MAB

Geoffrey, de la organización Biovision, inició su presentación afirmando que “África siempre es un continente olvidado”. En su análisis, dividido en tres ejes —gobernanza, represas y cambio climático—, el panelista presentó un panorama general de los desafíos que enfrentan los pueblos africanos. “Digo que África es un continente olvidado porque, por ejemplo, cuando se habla de los conflictos en el mundo actual, nadie menciona el continente africano. Se habla de la franja de Gaza, de Ucrania, pero también hay guerras en curso en África”, declaró.

Kamese también destacó las crisis de gobernanza y los conflictos políticos internos que afectan a varios países. “La semana pasada vimos un caso en el que un líder obtuvo el 97% de los votos y ordenó el asesinato de más de 700 jóvenes que salieron a las calles a protestar. Igual esto no significa que África se haya quedado de brazos cruzados. Hay una nueva generación dispuesta a resistir, a hacerse valer y a enfrentarse a líderes que insisten en permanecer en el poder indefinidamente”, recalcó, citando el ejemplo de Camerún, donde el presidente lleva cuatro décadas en el cargo.

Para Geoffrey, los movimientos liderados por la juventud africana son imparables. “Están listos y dispuestos a tomar el relevo de la generación anterior. Si bien existen aspectos negativos, muchos de los procesos en marcha son positivos. En el futuro, veremos a África avanzar hacia logros democráticos”.

Kamese también advirtió sobre los impactos de las grandes represas construidas en nombre del desarrollo energético. Según él, muchos gobiernos consideran la energía hidroeléctrica como la única alternativa, pero estos proyectos han provocado desplazamientos masivos, destrucción ambiental y la pérdida de modos de vida tradicionales.

“Estos proyectos desplazan a comunidades enteras, destruyen culturas y expulsan a los pueblos indígenas y tradicionales de sus territorios. Y lo más grave es que muchas de estas represas ya perdieron su utilidad, requiriendo costosos procesos de desmantelamiento, pagados con nuevos préstamos del Banco Mundial o de China”, explicó.

Al hablar de la crisis climática, Kamese recalcó que África es el continente más afectado por los impactos del cambio climático, a pesar de ser el que menos contribuyó al calentamiento global. “Perdemos cosechas, ganado y vidas humanas en inundaciones y sequías severas. Y sin embargo somos quienes menos contaminamos el planeta. No pedimos limosnas; exigimos justicia climática”, afirmó.

Según él, los países responsables de la crisis climática deben asumir su deuda histórica y aumentar la financiación climática prometida. “Durante años nos prometieron recursos que nunca llegaron. Ahora exigimos que los países desarrollados tripliquen su financiación climática. Sólo hay una África y sólo hay un planeta. Si destruimos este mundo, no habrá otro al que podamos ir”, concluyó.

Europa

Irene Pijuan (España) criticó el papel de Europa en la llamada transición energética justa y denunció la continuación del neocolonialismo europeo bajo la bandera de la descarbonización. Foto: Anna Mathis / MAB

Irene Pijuan, de la Alianza contra la Pobreza Energética, afirmó que era un honor y una responsabilidad histórica poder colaborar con otros continentes, reconociendo la importancia de las acciones europeas en la crisis climática. Criticó con vehemencia la postura europea sobre la llamada «transición energética justa», señalando que el continente utiliza la descarbonización como fachada para mantener la acumulación de capital y el control geopolítico.

Pijuan describió la posición actual de Europa como incierta en el nuevo orden geopolítico, situándola “entre dos bloques”: Estados Unidos y el bloque liderado por China. La sensación, según ella, es que Europa actúa como si estuviera en una competición deportiva. “Nuestra impresión es que Europa se encuentra un poco como en un partido de tenis, tratando de ver dónde le conviene estar para perpetuar su posición en el orden mundial, ¿no? Y su acumulación de lucro y capital”.

Los dirigentes enfatizaron que el continente europeo alzó la bandera de una transición justa y la descarbonización, pero carece de minerales y materias primas esenciales. “Para liderar la transición, Europa necesita seguir perpetuando el neocolonialismo que viene ejerciendo de diversas formas durante los últimos 500 años.”

Esta necesidad de recursos condujo a la firma de la Ley de Minerales Críticos, que, desde la perspectiva de los activistas, genera nuevos “tratados de abuso de otros países” para garantizar acceso a los materiales que Europa considera esenciales para su transición. “Aunque el discurso sea ecologista, la práctica del continente evidencia la persistencia de la dependencia de los combustibles fósiles. Mientras se vende la imagen de una ‘Transición Verde’ o un ‘Nuevo Pacto Verde’, Europa financia la exploración de gas fósil en África y otras regiones.” Pijuan afirma categóricamente que la base económica europea aún depende de energía sucia. “El capitalismo de combustibles fósiles sigue siendo el garante del neoliberalismo europeo.”

Además de la dependencia de los combustibles fósiles, la activista señaló que Europa está exportando “falsas soluciones”, como la captura de carbono, el hidrógeno y la mercantilización de la naturaleza, lo que refuerza la explotación en otros lugares. “A nivel nacional, eventos recientes (la pandemia, la guerra en Ucrania y el genocidio en Palestina) han resultado en una reducción de las protecciones sociales y el establecimiento de un concepto de seguridad energética que se opone a la soberanía energética de los pueblos, justificando la importación de materiales a cualquier precio.”

Irene concluyó que los movimientos sociales europeos se enfrentan al desafío de la atomización de las luchas, pero que victorias como las logradas por el movimiento de la vivienda en España y Francia ofrecen una vía para avanzar. Finalizó su discurso con una apelación directa a la responsabilidad de los activistas europeos en su propia tierra. “Sabemos que, como Europa, tenemos la responsabilidad política no solo de articularnos, sino también de confrontar a nuestras instituciones y a nuestras élites.”

Asia

El investigador indonesio Hendro Sangkoyo denunció la expansión de falsas soluciones “ecológicas” en Asia y advirtió sobre la creciente militarización del extractivismo en el continente. Foto: Anna Mathis / MAB

Hendro Sangkoyo inició su análisis destacando que gran parte del territorio asiático hoy puede describirse como una verdadera “tierra de refugio”, donde los pueblos resisten simultáneamente los efectos de la crisis climática y el avance de las políticas neoliberales. Recordó que Asia, previamente unificada por antiguos imperios, fue fragmentada por el colonialismo europeo, un proceso que dejó profundas cicatrices y que todavía define las fronteras políticas y económicas de la región.

Según Hendro, tras décadas de turbulencia y reestructuración, los países asiáticos se enfrentan hoy a una doble imposición por parte de los regímenes neoliberales globales: el negocio de la compensación por daños y el negocio de la transición energética. “El primero, basado en el mercado de créditos de carbono, transforma los bosques del sur global en garantías financieras para que los grandes contaminadores puedan seguir aumentando sus emisiones bajo el pretexto de la sostenibilidad. El segundo, presentado como una “solución ecológica”, legitima nuevos ciclos de endeudamiento y explotación, manteniendo la lógica extractiva instaurada desde el Protocolo de Kioto en 1997”, señala.

Hendro también citó el caso de Indonesia, que durante la COP 30 en Belém está promoviendo la venta de créditos de carbono y decenas de proyectos «verdes», mientras que las poblaciones locales siguen sufriendo las consecuencias de la devastación. Advirtió que se prevé que el mercado energético mundial casi se duplicará para 2033, con la energía hidroeléctrica aún desempeñando un papel fundamental, lo que supone una grave amenaza para las comunidades de países como Indonesia, Tailandia y Vietnam.

El investigador también denunció la expansión de las industrias geotérmicas, consideradas ahora la nueva veta de la transición energética. Grandes petroleras y mineras están migrando a este sector, reproduciendo las mismas prácticas destructivas de la explotación de fósiles.

Sangkoyo concluyó argumentando que la resistencia de los pueblos asiáticos ya está en marcha, forjando alianzas con comunidades del Mekong, Filipinas, Brasil, los Andes e incluso de Toscana, Italia. Para él, esta solidaridad transnacional es fundamental ante la creciente militarización de las industrias extractivas, que involucra a fuerzas armadas e industrias bélicas en países como Tailandia, Myanmar e Indonesia. “Lo que enfrentamos hoy no tiene precedentes, y nuestra respuesta debe ser colectiva, coordinada y global”, afirmó.