por Grasiele Berticelli / MAB


Yoyok es miembro de la Escuela de Estudios Económicos y de la Red de Defensa Minera (JATAM). Foto: Joka Madruga / MAB

Hendro Sangkoyo, o “Yoyok”, como le gusta que lo llamen, vino desde Indonesia, en el sudeste asiático, para participar en el IV Encuentro Internacional de Comunidades Afectadas por las Represas y la Crisis Climática, que transcurre del 7 al 12 de noviembre en Belém do Pará, en la Amazonía brasileña. Involucrado en el activismo, la docencia y las iniciativas para el fortalecimiento de comunidades locales, especialmente en Indonesia, la trayectoria de Yoyok refleja una profunda conexión entre el conocimiento, el territorio y la vida comunitaria.

Creció en Bali, donde se mudó su familia poco después de su nacimiento. Su madre era una activista muy comprometida que lo involucró desde pequeño en los asuntos sociales de las comunidades balinesas. Siendo aún joven, Yoyo estudió arquitectura y participó en movimientos estudiantiles contra la presidencia, los cuales terminaron siendo derrotados y resultaron en una intervención militar en el campus.

Después pasó tiempo en islas pequeñas, conviviendo con las comunidades locales, aprendiendo idiomas y conociendo realidades diferentes. Fue entonces cuando se dio cuenta de que “no sabía nada de los países vecinos”, lo que lo motivó a estudiar la región y convertirse en historiador del sudeste asiático.

Durante muchos años, siguió una carrera académica, dando clases durante cinco años en Melbourne, Australia, y luego durante dos años en Estados Unidos, en Cornell. Pero el 29 de mayo de 2006, una explosión subterránea causada por la exploración de gas cambió su trayectoria.

Mis amigos empezaron a llamarme constantemente. En aquel entonces, yo daba clases en Ithaca, Nueva York. Tras la explosión, la gente no sabía qué hacer, y cada noche había que evacuar a muchas personas debido al alud de barro. En pocas semanas, el lodo ya cubría los tejados. Fue entonces que decidí regresar a Indonesia. Pensé: “Este no es mi lugar. No quiero ser profesor, con todos estos privilegios; tengo que volver”.

De vuelta en Indonesia, Yoyok fundó la Escuela de Economía Democrática, donde ejerce como profesor y estudiante. Su objetivo es crear una infraestructura de aprendizaje para la gente común, hombres y mujeres que desean comprender y contar sus propias historias.

La escuela funciona a partir de invitaciones de las comunidades, sin vínculos con ONGs ni financiación externa, y ha estado funcionando de forma autónoma desde 2007, respondiendo a las solicitudes de las propias comunidades.

En las islas indonesias, Yoyok aprendió desde muy pequeño a respetar el agua y la naturaleza como elementos sagrados. Foto: Joyce Silva / MAB

El agua como espíritu e identidad

Indonesia, un país-archipiélago formado por más de 17.000 islas, es el cuarto país más poblado del mundo. Con un clima tropical húmedo y un terreno montañoso, el agua es un elemento fundamental para la supervivencia y la identidad cultural de sus poblaciones aisladas.

“Vivir en una isla exige un abordaje distinto de sostenibilidad y gestión ambiental que en grandes masas continentales como Brasil, Sudamérica o Asia”, afirma Yoyok. Explica el concepto de “lentes de agua”, las cisternas subterráneas de agua dulce en las islas. La sobreexplotación de estos lentes provoca la intrusión salina, lo que conlleva la muerte de la vegetación y la alteración de los patrones alimentarios. Muchas islas pequeñas han sido destruidas por este proceso, como ocurre en la entrada de la bahía de Yakarta, donde se encuentran 105 islas, conocidas como las “Mil Islas”, que son objeto de los intereses de oligarcas y allegados de los presidentes locales, que eligen las islas que prefieren y perforan los arrecifes de coral.

“Otra cosa que me conmueve profundamente es Bali. El conocimiento indígena balinés valora el agua como sagrada, y ni siquiera la llaman agua, sino ‘tirtha’, que significa agua sagrada. Eso es lo que aprendí en mi infancia. Y cuando regresé, todo era un caos debido al plan maestro del Banco Mundial para Bali en 1970, que básicamente trató a Bali como una mera mercancía para el turismo. Ahí radica la agresión y el abuso del acuífero, las aguas subterráneas, las aguas superficiales y todo aquello que los pueblos originarios protegían mediante rituales. De hecho, las religiones balinesas se denominan ‘religiones del agua’.”

Sin embargo, no todas las islas comparten la misma visión. Yoyok explica que en el archipiélago de las Islas Menores de la Sonda, que se extiende desde Bali hacia el este, «no hay un sentido de pertenencia a una misma isla», lo que genera conflictos entre los habitantes.

En tan solo cuatro décadas, de 1970 a 2010, todo el paisaje acuático de Kalimantan quedó destruido. La zona occidental de Allegheny, con sus extensos paisajes fluviales como el río Mambramu, actualmente se enfrenta a gigantescos proyectos de producción de hidrógeno, y la escasez de agua en la región ha sido el detonante de numerosos conflictos entre tribus locales.

Resistencia en medio de la represión

El contexto político de Indonesia moldeó la trayectoria de Yoyok. Tras el golpe militar de 1965, el gobierno de Hadji Mohamed Suharto prohibió cualquier asociación con el marxismo y el comunismo, lo que provocó que estudiantes y jóvenes crecieran en un ambiente represivo, sin acceso a lecturas ni debates sobre Marx. En este vacío, organizaciones internacionales y ONGs, financiadas principalmente por países del norte, ocuparon el espacio de la resistencia, a menudo intentando amansar los movimientos populares. “Entonces si dices que no, eres más refinado”, ironiza.

De vuelta en Indonesia, su activismo empezó a considerarse «fuera de lo común». «En la Escuela de Economía Democrática, la situación era graciosa porque empezamos a ser los bichos raros. No hablábamos de dinero, pero trabajábamos intensamente, haciendo talleres en el campo.”

Entre continentes, se construye la solidaridad

Con amplia experiencia internacional y redes de amistad en varios países, Yoyok cuenta: “Adopté una mentalidad internacionalista desde el principio. Gracias a ello, he aprendido y creado numerosas redes de amigos y colegas. En Europa, por ejemplo, tengo amigos muy cercanos con ideas afines que se oponen directamente al mercado de carbono.”

Ésta no es la primera vez que Yoyok participa en encuentros en América Latina. Ya estuvo presente en actividades en Colombia y en reuniones anuales en Montevideo, Uruguay, vinculadas al movimiento internacional de defensa de los bosques. Para él, América Latina tiene algo único. “Existe una mayor identificación y orgullo entre los activistas latinoamericanos, algo relativamente raro en Indonesia, donde hay desafíos inherentes a un contexto históricamente represivo e influencias externas.”

Respecto al encuentro en Belém, destaca: “Esta oportunidad de reunirnos y combinar fuerzas es sumamente importante, para compartir experiencias sobre las tensiones y presiones causadas por las operaciones de la industria extractiva y energética, que afectan a nuestros territorios en África, América Latina, el Caribe y Asia. Por lo tanto, creo que es un paso importante para fortalecer la resistencia en el territorio”.