por Thiago Alves / MAB

Mientras los jefes de Estado intercambian palabras vacías, los afectados en todo el mundo comparten soluciones basadas en su práctica. Foto: Marcelo Aguilar / MAB

Esta semana empieza la Conferencia de las Partes – COP 30 – en Belém, Pará. La ciudad, que fue la capital de la Amazonía en el siglo XVII, acogerá a representantes de 170 países para debatir los compromisos globales que procuran proteger el futuro y la supervivencia del planeta.

Reyes, reinas, príncipes, presidentes, ministros, diplomáticos, ejecutivos de grandes corporaciones, parlamentarios, interminables equipos de asesores, especialistas, traductores, periodistas e incluso estrellas de la música y el cine, todos ellos representando intereses y propuestas.

El cronista observa desde lejos, viendo la «zona verde» y la «zona azul» pintadas con colores vibrantes, ventiladas a una temperatura confortable.

Desde mi perspectiva de observador sin pretensiones, oculto en los lugares no vistos por la “élite del capitalismo verde”, veo otros colores. El color de aquella mesa repleta de comida sana servida por trabajadores que con esmero traen calabaza, boniato, lechuga, remolacha, frijoles, arroz, pescado, albóndigas, plátanos y mandarinas. Vibra el sabor del jugo de murici, de acerola y de maracuyá, acompañando esta comida sagrada, mesa diaria del IV Encuentro Internacional de Comunidades Afectadas por Represas y la Crisis Climática, que reúne a 45 países de todos los continentes para construir una alternativa popular a los desafíos de nuestra era.

Allí, los príncipes son negros, las reinas llevan a sus hijos en brazos, los artistas hacen de la mezcla popular una fiesta cotidiana. Es un campamento de luchadores y luchadoras que transforman canchas deportivas en lugares de conocimiento, aulas en espacios de descanso identificados con nombres de ríos de todo el mundo.

Allí se lava la ropa de forma comunitaria, se limpia colectivamente y se cuida con cariño de les niñes y de quienes necesitan medicamentos y atención especial.

Todo esto estará presente en la Cumbre de los Pueblos, en contraste con la manifestación organizada del capitalismo financiero que pinta de verde aquello que él mismo destruye.

“La esperanza nunca decepciona”, como dijo aquel famoso autor de cartas. Yo añadiría que siempre organiza, siempre anuncia los colores de lo nuevo sin dejar de denunciar abiertamente lo viejo y maquillado que insiste en negar las agresiones imperialistas, el militarismo, los genocidios, la mercantilización de la naturaleza y de toda forma de vida.

Somos la esperanza que nunca duerme, solo descansa. Es una flecha lista en el arco, una lanza afilada apuntando al blanco.


Thiago Alves es periodista y activista del Movimiento de Personas Afectadas por Represas (MAB) en Minas Gerais. Participa activamente en luchas populares y, entre diversas tareas, observa a la gente y los paisajes que lo rodean, buscando percibir la belleza de lo cotidiano, que convierte en prosa sencilla, en crónicas sin pretensiones.